Componer para no morir del todo

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Enrique Goberna

13 de noviembre de 2025

Las últimas semanas de vida de aquel muchacho, consumido por la tuberculosis, las pasó componiendo un encargo de la Cofradía de los Caballeros de la Virgen de los Dolores de Nápoles. Debía entregarlo para el Viernes de Dolores de 1736. La obra se terminó justo a tiempo, pero su autor ya había muerto antes del estreno.

En sus últimos días, Giovanni Battista Pergolesi trabajaba recluido en un convento franciscano de Pozzuoli, a donde lo habían enviado para aliviar su enfermedad. Sabía que el final estaba cerca: tenía solo 26 años, pero la tuberculosis se había apoderado de él. Aun así, siguió componiendo con una mezcla de resignación y deber. Había cobrado por la obra, y sentía la responsabilidad moral de cumplir con su compromiso, aunque le costara los últimos días de vida.

Desde niño había tenido una salud frágil que le acompañó siempre. Su cuerpo era débil, pero su oído y su sensibilidad musical parecían infinitos. Nacido en 1710 y formado en Nápoles, Pergolesi fue uno de los talentos más brillantes de la escuela napolitana. En apenas unos años dejó tras de sí óperas, música de cámara y obras sacras que marcaron una transición entre el barroco y el clasicismo. Su breve carrera bastó para convertirlo en una figura de culto.

El Stabat Mater fue su última obra. Su música, escrita para dos voces —soprano y contralto— y un pequeño conjunto instrumental, sorprendió por su claridad, por su ternura contenida y por esa sencillez que solo alcanzan los que ya no tienen tiempo para adornos.

El estudio de su manuscrito revela la urgencia con que fue escrita: pentagramas apresurados, errores de copia y un cierto desorden que delata la prisa de quien escribe sabiendo que el tiempo se le acaba. Al pie de la última página trazó con letra temblorosa: «Finis Laus Deo» —“Fin, loado sea Dios”—, como si agradeciera no la obra, sino el simple hecho de haberla podido concluir.

El Stabat Mater se estrenó en Nápoles el 16 de abril de 1736, Viernes de Dolores, en la iglesia de San Luigi di Palazzo. Pergolesi había muerto un mes antes, el 16 de marzo. No llegó a escuchar su música, pero su nombre comenzó entonces a resonar por toda Europa. Su obra se copió, se adaptó, se veneró: incluso Johann Sebastian Bach, conmovido por su belleza, hizo su propia versión en alemán, Tilge, Höchster, meine Sünden (BWV 1083).

El joven que temía no llegar a tiempo terminó componiendo una de las páginas más conmovedoras del siglo XVIII. Una obra escrita a la sombra de la muerte, pero destinada a la inmortalidad.

Pergolesi no sobrevivió a su estreno, pero su música sí: cada Viernes de Dolores, su Stabat Mater vuelve a sonar, recordando que componer es, a veces, la única manera de no morir del todo.

Stabat mater dolorosa
Iuxta crucem lacrimosa,
Dum pendebat filius.

Estaba la Madre dolorosa,
llorosa junto a la cruz
de la que pendía su Hijo.

https://www.youtube.com/watch?v=BTHwodbnTrs

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