Joder. El sábado, haciendo bromas con el reguetón de Sergio Ramos y poniendo como ejemplo de MÚSICA (así, en mayúsculas) la obra de Supertramp, me entero de que, pocas horas después —o quizá alguna antes, porque la hora exacta la desconozco—, Rick Davies, fundador y alma mater de la banda, fallecía en su casa de Estados Unidos.
Se nos va el tipo discreto que, sin estridencias ni poses, levantó una de las arquitecturas sonoras más reconocibles de los setenta y ochenta. Pianista, compositor, voz de barítono que equilibraba la tesitura luminosa de Roger Hodgson, Davies supo sostener durante años lo que muchos consideran una de las sociedades musicales más singulares del rock.
El estilo jazzístico y sobrio de Davies empastaba a la perfección con el pop de Hodgson, una combinación que dio lugar a un sonido único, aunque condenado, por la propia diferencia de sus naturalezas musicales, a tener fecha de caducidad.
Hoy que todo suena tan desechable, escuchar Crime of the Century o Breakfast in America es recordar que hubo un tiempo en que la música popular aspiraba a ser algo más. A trascender a su tiempo.
Gracias por todo, Rick. Te vas, pero tu piano seguirá marcando el compás de muchas vidas. De la mía por descontado.
Goodbye friend.