Rosalía, LUX: “Sexo, violencia y llantas”

Picture of Enrique Goberna
Enrique Goberna

25 de noviembre de 2025

Funcionalmente, la pieza actúa como un Preludio: apenas dos minutos largos, sí, pero de una elegancia que merece una ovación cerrada. Su función es clara: tender un puente entre la semántica de Motomami y el universo recién abierto de LUX. Y lo hace con un guiño nada casual: «Sexo, violencia y llantas» bebe directamente de los materiales simbólicos y musicales del disco anterior.

Arranca con un fragmento pianístico construido sobre la archiconocida cadencia andaluza, progresión usada hasta el extenuación en el flamenco y en buena parte de la tradición española. El aroma es inmediato: Albéniz, Turina… pero sobre todo Enrique Granados, con ecos de sus Danzas Españolas y su Danza Oriental en cuanto a la técnica, con ese uso del pedal que envuelve unos arpegios amplios, suspendidos. Un rubato moderado va dibujando un paisaje inquietante, como si alguien hubiese abierto una ventana al patio interior de la memoria musical del nacionalismo romántico español.

I love you, Granados. Tela.

La cadencia, en este caso, cae en Re menor, tonalidad fetiche del disco —ya lo vimos en Berghain o Mio Cristo Piange Diamanti. Así, la progresión (I–VII–VI–V) se despliega: Rem – Do – Sib – La. Sencilla, sí, pero cargada de historia y de simbolismo.

Tras la introducción, entra la voz sobre los mismos acordes:

“Quién pudiera vivir entre los dos,
primero amar al mundo,
y luego amar a Dios.”

Acompañada probablemente solo por un cello (aunque quizá se me escape alguna cuerda más, violín/viola discretísimos), Rosalía canta aquí en un registro donde, en mi opinión, su timbre brilla más: con más cuerpo, más calor, más verdad. Pura belleza.

“Quién pudiera venir de esta tierra…”

Aparecen efectos electrónicos en su justa medida, sin excesos, pero que rompen con las líneas tímbricas que llevábamos hasta el momento. Si este disco es sobresaliente es precisamente por eso: por la cantidad de recursos que evitan la monotonía y que aportan elementos sonoros puramente descriptivos. Después llegan los coros flamencos, que dan una vuelta de tuerca más —si es posible— a la emoción, hasta erizar el vello.

La siguiente estrofa introduce un recurso descriptivo precioso. Cuando menciona elementos terrenales, la voz cae a registros más bajos:

“En el primero: sexo, violencia y llantas,
deportes de sangre, monedas en gargantas.”


Registro grave, terrenal y carnal.

Pero al pasar al plano simbólico y divino, el registro vocal asciende hasta el límite:

“En el segundo, destellos, palomas y santas,
la gracia, el fruto y el beso de la balanza.”

La sombra de Monteverdi es larguísima.

Aquí encaja mucho más peso que “beso”, y todo apunta a una errata: el peso del alma —esos míticos 21 gramos— mencionado en algún otro tema del disco. O incluso una referencia a la mitología egipcia: Anubis pesando el corazón del difunto en una balanza frente a la pluma de Maat. Si pesa más que la pluma, no hay paraíso posible.

Si es así… qué cosa más bonita, coño.

Regresa entonces el estribillo:

“Quién pudiera vivir entre los dos…”

Pero ahora con el piano sumándose a las cuerdas, demostrando que este disco no sabe lo que es quedarse plano: siempre hay un color nuevo aguardando a la vuelta de la esquina. Bien por ti, Rosalía. Ignoro si eres el cerebro detrás de estos arreglos, pero incluso si no lo eres, el disco es tuyo y el buen gusto musical es evidente. Mis respetos y el crédito a sus autores.

Y aquí llega la última sorpresa: no resolvemos en Re menor, que sería lo habitual, sino en Re mayor. El viejo truco barroco —el divino Bach lo utilizaba como quien respira— donde un acorde mayor final enciende la salida del tema: menor para lo terrenal, mayor para lo celestial. Como si, al final de todo, se abriese una ventana hacia el cielo mientras se pronuncia la palabra “Dios”.

Un último efecto atmosférico y un corte seco —“ahí queda eso”—, y la invitación evidente: ¿quién cojones abandona el disco después de esto y no salta de cabeza a «Reliquia»?

Pues eso.

Todo esto… y apenas han sido dos minutos. Qué grande es la música.

El próximo análisis (y probablemente el último) no será tan amable: hablaré de lo que tiene de chungo el disco; porque, siendo globalmente una joya, hay tres o cuatro temas que no están a la altura.

¿Intrigados?

https://www.youtube.com/watch?v=m6z1sW_qtyg

¡Me ha encantado! LO COMPARTIRÉ

Facebook
Twitter
WhatsApp
X
LinkedIn
Threads
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

IR A INICIO

Haz click en el logo de la cabecera en cualquier momento para regresar al inicio