Hay obras que uno descubre casi por accidente, como quien abre un cajón viejo y se encuentra algo que no sabía que necesitaba. Eso pasa con The Indian Queen, la última obra de Henry Purcell, que quedó inacabada tras su muerte en 1695. Y no es que esté olvidada por falta de calidad; más bien al contrario: es de esas piezas que parecen exigir un pequeño esfuerzo inicial… y luego ya no te sueltan.
Conviene aclarar que no estamos ante una ópera al uso, sino ante una semi-ópera barroca inglesa, ese curioso formato híbrido donde el teatro hablado convive con números musicales. Traducido al lenguaje actual: los personajes hablan, actúan… y de pronto la música toma el control para decir lo que las palabras no alcanzan. Es un género muy de su tiempo, pero en manos de Purcell alcanza momentos de una intensidad que hoy siguen emocionando.
La trama no pierde el tiempo en sutilezas. La princesa Orazia y su amante Montezuma están prisioneros del villano Traxalla, que plantea un trato bastante poco negociable: la libertad de él a cambio de ella. El barroco tenía estas cosas; lo contaba todo con elegancia, pero sin anestesia. En ese contexto aparece el aria de Orazia, un lamento que es, directamente, una lección de cómo convertir el sufrimiento en belleza.
They tell us that your mighty powers above
Make perfect your joys and your blessings by Love.
Ah! Why do you suffer the blessing that’s there,
To give a poor lover such sad torments here?
Nos dicen que tus poderosas fuerzas allá arriba
perfeccionan tus alegrías y bendiciones mediante el Amor.
¡Ah! ¿Por qué permitís esa dicha en lo alto,
mientras a una pobre amante le dais tan tristes tormentos aquí?
El texto ya apunta alto, con esa mezcla de reproche y súplica dirigida a los poderes superiores. Pero lo que hace Purcell con esa base es otra historia. La música se despliega con una aparente sencillez —bajo continuo firme, línea vocal contenida— que en realidad esconde una sofisticación enorme. Las disonancias aparecen justo donde deben. Todo está calculado para que la emoción no estalle, sino que se filtre poco a poco y te vaya calando, como esa lluvia fina que decides ignorar sin abrir el paraguas… hasta que ya estás empapado.
Una buena muestra de todo esto se aprecia en el vídeo que comparto de esta aria, donde la interpretación opta claramente por la vía expresiva antes que por el lucimiento, poniendo el foco en el texto más que en el brillo vocal. La solista construye el lamento desde la contención, muy apoyada en el fraseo y en la palabra, mientras el conjunto instrumental mantiene una sonoridad y un bajo continuo preciso, dejando respirar cada inflexión vocal de la cantante. Y entonces entra el coro, retomando la misma línea musical como una prolongación emocional del aria, no como contraste. Y confirmas que es tan bella como te pareció la primera vez. Pero el momento verdaderamente sobrecogedor llega en la última repetición: la solista ya en el suelo, despojada de cualquier gesto teatral superfluo, convierte la música en algo casi físico. Es de esas imágenes —y de esos sonidos— que te dejan sin respiración.
No es un aria que busque impresionar, sino afectar. A los pocos segundos ya estás dentro, sin darte cuenta de cómo. Purcell tenía esa capacidad rara de hacer que el dolor sonara inevitable.
Hay además un dato que añade perspectiva: Purcell murió con solo 36 años. Treinta y seis. Y aun así dejó páginas como esta, o su otro célebre lamento en Dido and Aeneas, donde parece concentrarse una experiencia emocional impropia de alguien tan joven. Quizá, cuando un simple resfriado mal curado podía acabar con tu vida, se vivía con una intensidad que hoy nos resulta difícil imaginar.
El problema, si se le quiere llamar así, es que The Indian Queen apenas se programa. Escuchar este aria en directo es casi un acontecimiento excepcional, y las grabaciones que circulan son escasas, como si la obra se resistiera a entrar en el circuito habitual. Pero precisamente por eso, cuando uno se topa con ella, la sensación es la de haber encontrado un pequeño secreto. Uno de esos que merece la pena compartir… con la advertencia justa: engancha rápido y luego no hay vuelta atrás.
https://www.youtube.com/watch?v=fYgX702cB7Q&list=RDfYgX702cB7Q