Crónicas forenses

Picture of Enrique Goberna
Enrique Goberna

23 de diciembre de 2025

Pavana para una infanta difunta es una de las piezas más célebres de Maurice Ravel. Compuesta inicialmente para piano en 1899 y orquestada más tarde por el propio autor, adopta la forma de una pavana: una danza de origen italiano, muy extendida entre las cortes renacentistas de Italia y España.

Ravel dejó claro que el título no aludía a ninguna princesa real ni a una muerte prematura. Simplemente le agradaba cómo sonaban juntas esas palabras. Nada más. Pese a ello, no han faltado intérpretes empeñados en abordarla con una afectación exagerada. Se cuenta, de hecho, que tras escuchar una versión excesivamente lenta, Ravel se acercó al pianista después del concierto.

— ¡Qué honor, maestro, que haya venido a escucharme! ¿Qué le ha parecido? —preguntó el pianista, esperando que Ravel se mostrase encantado con su emocionante interpretación.
— A ver, Joseluí, picha mía, no sé si te has dado cuenta que la obra se llama «Pavana para una infanta difunta» y no «Pavana difunta para una infanta».

¡Zasca! El bueno de Mauricio lo habría petado en twitter.

Sabemos con bastante exactitud cómo le gustaba al propio autor. Existe una grabación suya de 1922 que dura en torno a cinco minutos y medio, mientras que hoy proliferan versiones de siete minutos, e incluso algunas que se aproximan peligrosamente a los ocho. A partir de cierto punto, la interpretación de la infanta difunta se asemeja más a una autopsia que a una danza: el pianista entra compungido, deja escapar un suspiro al sentarse en la banqueta —ainsss— y cierra los ojos, se le escapa otro suspiro fúnebre mientras eleva las manos sobre el teclado y las desciende a cámara lenta, como si una pluma fuera a posarse sobre el teclado. No hace falta escuchar una nota, ya adivino que lo que era una danza delicada acabará transformado en un examen forense.

Si ya el autor grabó una versión con el tempo correcto. ¿Por qué se empeñan en tocar un requiem? Si Ravel nos dejó el modelo perfecto, ¿para qué reinventar la rueda? Que parece que la infanta en lugar de bailar elegantemente, va arrastrando los pies como un alma en pena.

Y, sin embargo, la paradoja es hermosa. La obra es tan bella que casi todo le sienta bien. Incluso cuando se la estira más de la cuenta, la melodía y la atmósfera siguen funcionando, y la infanta —aunque lo haga con una parsimonia excesiva— continúa bailando en la imaginación del oyente.

Aquí tenéis una versión respetuosa con el concepto original del autor. Tiene el grado justo de melancolía, sin ser fúnebre. Es una de las mejores que encontraréis, seguro; que tú te mueras.



https://www.youtube.com/watch?v=cwL4nSb9am8

¡Me ha encantado! LO COMPARTIRÉ

Facebook
Twitter
WhatsApp
X
LinkedIn
Threads
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

IR A INICIO

Haz click en el logo de la cabecera en cualquier momento para regresar al inicio