Robert Schumann llegó a casa de los Wieck siendo un joven de 20 años con una prometedora carrera musical. Friedrich Wieck era un afamado profesor de música que acogió a Robert en su casa durante la temporada en que le dio lecciones. Ahí Robert conoció a Clara Wieck, la hija de Friedrich, cuando ella tenía tan solo once años y empezaba una carrera de pianista perfectamente programada por su padre. Robert quedó impresionado por el talento excepcional de esa niña, que empezaba a dar giras internacionales como concertista de piano y entabló con ella una amistad, que cuando Clara dejó de comprar en Zara niños para hacerlo en Bershka, se convirtió en una historia de amor inquebrantable que ha dado lugar a no pocas películas sobre la historia de la pareja. Cuando Clara tenía dieciséis, empezó con Robert una relación en secreto, sobre todo por carta, debido a que Clara estaba de gira casi todo el año, y un año después decidieron dar el paso de pedir al padre consentimiento para la boda (la mayoría de edad estaba entonces en los 21) y el padre levantando el dedo índice de su mano derecha le dijo al bueno de Robert que se subiera en lo alto y pedalease… pero en alemán, algo así como: «Súbetenaltten und pedaleen».
La admiración y el amor que sentían el uno por el otro hizo que ambos ganasen con el enlace. Robert animaba a Clara a componer, que hacía muy bien —aunque ella tenía dudas al respecto— y Clara, además de pianista de las obras de su marido, era su fuente de inspiración, su editora y la más leal crítica de Robert; también fue la que le estimuló para que escribiese obra para orquesta. A ella le debemos probablemente la obra sinfónica y orquestal de su marido.También es conocido cómo la pareja al día siguiente de su boda —día del cumpleaños de Clara—, empezaron un diario en común, es decir, un «diario de la pareja», que empezaba con estas palabras:
«El librito que inicio hoy tiene un significado muy íntimo: sobre todo ha de ser un Diario de lo que nos toca en común, de todo lo que se refiere a nuestra vida matrimonial y hogareña; quiero señalar en él todos nuestros deseos y nuestras esperanzas. Ha de ser también un librito con las peticiones que tendremos que dirigirnos mutuamente cuando la palabra no alcance; registrará asimismo la mediación y la reconciliación, si por acaso ocurre algún desentendimiento; en una palabra: este librito será para nosotros un amigo bondadoso y verdadero al que se lo confiamos todo abriéndole nuestros corazones…»
¿No es bonito? Ea, pues ya sabéis por qué se les denomina a estos compositores como «románticos»…
Durante este periodo de noviazgo, Robert compuso la mayoría de su obra para piano, y en ella las referencias a Clara son constantes. Destacables de esa época son las Kinderszene (Escenas infantiles) op.15 o su Carnaval, op.9. Este último lo compuso un año antes de empezar oficialmente el noviazgo con Clara, pero contiene una pieza, la nº11 en do menor «passionato» titulado «Chiarina» (diminutivo de «Clara» en italiano, que así la llamaba en la intimidad) donde ya se manifiesta en su música el incipiente amor por esa muchacha. Juzgad vosotros… son 2 emocionantes minutos de piano donde no se puede decir más en menos tiempo. Imagino a «Chiarina» interpretando su propia música y descubriendo sin palabras todo lo que Schumann quería expresar con esta pieza. ¿Quién no se enamoraría con algo así?…
Aquí tenéis la pieza para piano: Carnaval, op9 nº11 «Chiarina» y nº12 «Chopin»
Nota: «Chopin» es una pieza que imita maravillosamente el estilo pianístico de Chopin y es tan arrebatadoramente romántica que su posición después de «Chiarina» no parece que sea fruto del azar. De hecho, es frecuente que ambas piezas sean extraídas e interpretadas juntas… Si te preguntas por qué Robert no fue más explícito, puede deberse al hecho de que Clara tenía solo 15 años —Robert Schumann 24— y el padre de Clara era profesor de música y sabría leer entre líneas (de pentagrama)…
¡Oh, qué bonita historia!, estoy deseando leer la siguiente entrega: Los Schumann y Brahms: un trío de piano… (parte II)