Ne me quitte pas

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Enrique Goberna

16 de octubre de 2025

“No me quite el pan” es mi primer recuerdo de esta canción. Era el remedo infantil de esta joya musical cuando se hizo tan popular en nuestro país al principio de los años setenta versionada por Mari Trini. “No me quite el pan” recuerdo que repetía a la hora de la comida con simulada afectación. Hoy, con esta canción, me ocurre lo mismo que a los Tricicle y el colesterol: pocas bromas; también esta obra puede adherirse a tus arterias.

La historia de esta chanson es perfectamente conocida por todos los que nos gusta este frikismo de saber que hay detrás de las obras que nos enamoran, de sus autores y el contexto en que fueron creadas. No obstante, intentaré resumir lo musicalmente más relevante sin quedarme exclusivamente en la anécdota amarillista con la que se ceban casi todos.

La familia Brel: Jacques, Thérèse Michielsen y sus tres hijas

En 1953 un jovencísimo Jacques Brel abandona Bruselas y su cómodo empleo en la empresa paterna y marcha a París con su mujer, su hija, una guitarra y algunos ahorros para intentar hacer realidad el gran sueño de vivir de la música. Empieza a cantar en bares y cabarés hasta que aparece en su vida Jacques Canetti. Este caballero, además de productor musical de Polydor, era el propietario de la sala “Théâtre des trois Baudets”, dedicada a la nueva canción francesa y donde habían dado sus primeros pasos toda una generación de cantantes como Leclerc o Brassens. Canetti escucha a ese desconocido y ve en él el germen de la estrella que podría llegar a ser, lo contrata para su sala y allí, en ese hervidero cultural y creativo, Brel encuentra los complementos necesarios para desarrollar su inmenso talento. Por una parte empieza a recibir clases de arte dramático por parte de Philippe Clay —otro de los artistas habituales en el club—, un auténtico personaje, cantante, actor y golfo profesional; y por otra, entabla amistad con dos pianistas de una sólida formación clásica como François Rauber y Gérard Jouannest, sin cuyo valioso asesoramiento y arreglos musicales no podría entenderse hoy por hoy la obra de Brel. En ese contexto de la convulsa vida nocturna de Pigalle, Brel conoce a una guapa y talentosa cantante y actriz cómica llamada Suzanne Gabriello. Serían casi cinco años de una relación apasionada, oculta, agitada y compleja, que termina el día en que Suzanne revela a Jacques que está embarazada. Ahí empieza el infierno de Brel, de profundas convicciones católicas y que ya tenía tres hijas con Thérèse, una esposa que perdonó esta y muchas otras infidelidades y de la que Brel siempre estuvo enamorado a pesar de todo. Brel huye entonces de esta relación extramatrimonial y Suzanne decide abortar. Unos meses después compuso este “Ne me quitte pas”, no solo la canción más importante en lengua francesa, sino probablemente la más bonita canción de amor de todos los tiempos.


NE ME QUITTE PAS

Ne me quitte pas No me dejes,
Il faut oublier debemos olvidar
Tout peut s’oublier —todo se puede olvidar—
Qui s’enfuit déjàlo lo que ya se fue.
Oublier le temps Olvidar el tiempo
Des malentendus de malentendidos
Et le temps perdu y el tiempo perdido,
A savoir comment de la mejor manera posible.
Oublier ces heures Olvidar aquellas horas
Qui tuaient parfois que a veces mataban,
A coups de pourquoi a golpes de porqués,
Le coeur du bonheur el corazón de la felicidad.
Ne me quitte pas No me dejes.

Moi je t’offrirai Te ofreceré
Des perles de pluie perlas de lluvia
Venues de pays traídas del país
Ou il ne pleut pas en el que nunca llueve.
Je creuserai la terre Escarbaré la tierra
Jusqu’apres ma mort incluso muerto,
Pour couvrir ton corps para cubrirte
D’or et de lumière de oro y brillantes.
Je ferai un domaine Crearé un lugar
Où l’amour sera roi en el que el amor será el rey,
Où l’amour sera loi en el que el amor será la ley,
Où tu seras reine donde tú serás la reina.
Ne me quitte pas No me dejes.

Ne me quitte pas No me dejes.
Je t’inventerai Inventaré para ti
Des mots insensés palabras sin sentido
Que tu comprendras que sólo tú comprenderás.
Je te parlerai Yo te hablaré
De ces amants-là de aquellos amantes
Qui ont vu deux fois que vieron cómo por dos veces
Leurs coeurs s’embraser ardían sus corazones.
Je te raconterai Te contaré
L’histoire de ce roi la historia de cierto rey
Mort de n’avoir pas que murió por no haber
Pu te rencontrer podido conocerte.
Ne me quitte pas No me dejes.

On a vu souvent ¿Acaso no se ha visto
Rejaillir le feu renacer el fuego
D’un ancien volcan de un antiguo volcán
Qu’on croyait trop vieux que se creía demasiado viejo?
Il est paraît-il ¿Acaso no existen
Des terres brûlées tierras quemadas
Donnant plus de blé que producen más trigo
Qu’un meilleur avril que el mejor de los abriles?
Et quand vient le soir Y cuando llega el atardecer,
Pour qu’un ciel flamboie para que un cielo se inflame
Le rouge et le noir ¿acaso el rojo y el negro
Ne s’épousent-ils pas no se juntan también?
Ne me quitte pas No me dejes.

Ne me quitte pas No me dejes,
Je ne vais plus pleurer no lloraré mas,
Je ne vais plus parler no hablaré más.
Je me cacherai là Me esconderé
A te regarder para verte
Danser et sourire bailar y sonreír,
Et à t’écouter y para escucharte
Chanter et puis rire cantar y después reír.
Laisse-moi devenir Deja que me convierta
L’ombre de ton ombre en la sombra de tu sombra,
L’ombre de ta main en la sombra de tu mano,
L’ombre de ton chien en la sombra de tu perro,
Ne me quitte pas pero no me dejes.

Literariamente estamos ante un poema bellísimo sobre el dolor de la pérdida. Es el drámatico lamento de la derrota del amante. Construido con versos de solo cinco sílabas, contiene imágenes preciosas como “olvidar aquellas horas que mataban a golpes de porqués el corazón de la felicidad”; la de “aquellos amantes que vieron cómo por dos veces ardían sus corazones”, en una clara súplica de una segunda oportunidad; o la de esas “tierras quemadas” que a pesar de ello producen más trigo “que el mejor de los abriles”. Una maravilla. También un guiño evidente en la cuarta estrofa a la obra de Stendhal “Le rouge et le noir” (Rojo y negro), una novela donde se relata otro trío sentimental similar al que el compositor acababa de sufrir, y algún otro quizá menos evidente a la obra de García Lorca. Brel, buen conocedor como era de la obra de nuestro granadino universal (que, por cierto, cita en su canción “Los Toros”), utiliza las mismas evocadoras imágenes del agua o las sombras, tan lorquianas, y también esa actitud de humillación, como cuando Lorca se define como “perro de tu señorío” en el Soneto de la dulce queja; un soneto también, curiosamente, que llora la pérdida de un amor prohibido, homosexual en el caso del genial Federico.

https://www.poemas-del-alma.com/soneto-de-la-dulce-queja.htm

Suzanne, apodada «Zizou», posa ante el fotógrafo con su perro y la sombra de su perro

Brel, en sus últimos y célebres versos, va todavía mucho más allá al suplicar convertirse en la sombra de su sombra —de su cuerpo entero—, en la sombra solo de su mano o, al menos, en la de su perro. L’ombre de ton ombre, l’ombre de ta main, l’ombre de ton chien. Antológico.

A pesar de ser su obra más emblemática, Brel detestaba cantarla. La rechazaba por aquello que representaba, por la cobardía que él mismo creía haber cometido. El éxito la convirtió en su penitencia personal, en un acto continuo de expiación por las culpas del pasado.

Escucharlo interpretar así, en ese tono casi conversacional, tan desnudo ante la cámara, tan honesto, mientras te sostiene la mirada, es tan desgarrador que resulta difícil de describir. Hay que tener el corazón como el granito para no quebrarse.

Musicalmente es de una simpleza perturbadora. Está compuesto básicamente por el mismo patrón de cinco notas (Mi-Mi-Fa-Mi-Mi) —una por cada sílaba del verso—, que se repiten tres veces por unidad melódica y que va descendiendo —hasta el mismo infierno— paso a paso hasta morir en la nota “La”. Un hecho que recuerda a ese maravilloso descenso progresivo —también de un intervalo de quinta— del Si al Mi en el Preludio en Mi menor de Chopin, otra obra que adoro. Simple. ¿Para qué complicar más algo tan bello? He leído como a algún crítico le recuerda armónicamente a un pasaje de la Rapsodia Húngara nº6 de Liszt (el que comienza en una interpretación convencional a los dos minutos, aproximadamente, de su inicio). Bueno, es posible, y más sabiendo que musicalmente recibió —como siempre— las aportaciones de su pianista Gérard Jouannest, pero aún así creo que es hilar demasiado fino.

Tiene esta obra la virtud de otras grandes canciones, compuestas simultáneamente en música y letra, de mantener esa correlación afectiva entre aquello que se dice y cómo se dice. Eso, musicalmente, se traduce en un ascenso de las notas en el pentagrama para resolver un efímero optimismo del autor cuando ofrece, en las estrofas segunda y cuarta, argumentos a su invisible interlocutor para evitar que se aleje definitivamente; y hablo de optimismo efímero porque, efectivamente, cuatro compases antes de terminar la estrofa se produce otro descenso similar coincidiendo con los “Ne me quitte pas”, solo que más rápido —uno por compás— de las cinco notas antes citadas hasta acabar en “Fa” para preparar de nuevo el “Mi” de inicio de la siguiente estrofa, con el que se cierra el círculo melódico, y así poder comenzar otro nuevo descenso a los infiernos. Simple pero magistral.

El progresivo descenso a los infiernos, como yo lo llamo, en un intervalo de quinta

Otro tema es que a pesar de que las partituras habitualmente las encontramos en Do, la canción siempre la cantaba Brel en la escala de Si mayor (Mib-Mib-Mi-Mib-Mib). Reconozco que no tengo ni idea por qué no he encontrado por el momento una partitura con la armadura en Si. Cuando la encuentre la expondré aquí.

Esta joya se ha versionado más de tres mil veces en decenas de idiomas, en lo que me parece una falta de respeto al poema original. O lo cantas en francés o no lo cantes. El sucedáneo en inglés, por ejemplo, poco o nada tiene que ver con el poema original y es una basura incluso en la voz de Sinatra. Es como una gaseosa sin fuerza; dulce, pero agua solamente. Lo mismo ocurre con versiones en español o en italiano. Todos han querido versionar este tema, cuando el poema es tan intenso que si no se canta desde las “tripas” es mejor no abordarlo siquiera. Más de tres mil versiones y todas eclipsadas por la presencia escénica, sudorosa, fantasmal y doliente de Jacques Brel —especialmente en el vídeo que comparto en esta nota— que hace palidecer al resto. Solo un puñado de interpretaciones son dignas de la grandeza de esta canción, y una de ellas fue la de nuestra Mari Trini, que recibió por ella incluso una carta de admiración del propio Brel. Y ahora, sí, con Mari Trini y el pequeño homenaje a esta cantautora de mi infancia cierro yo también mi círculo particular de esta nota.

Por último, naturalmente, el vídeo eterno de la interpretación de Jacques Brel.
https://www.youtube.com/watch?v=41od-lgSQgI

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