Clara Schumann y Brahms: amor en La mayor… (III parte y última)

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Enrique Goberna

10 de octubre de 2025

¿Fue sólo un amor platónico el de Clara Schumann y Brahms? Parece que no. Durante el internamiento de Robert, Brahms ya tenía un juego de llaves Lince de la casa de los Schumann, y parece que a su muerte sus visitas a la casa de Clara se hicieron cada vez más continuas. Los niños adoraban a Johannes, e incluso fue el padrino del último hijo de la pareja, el pequeño Félix (en homenaje a Félix Mendelsshon, gran amigo del matrimonio que había fallecido unos años antes). Tras la muerte de Robert, Johannes Brahms fue la mejor ayuda. Sus visitas eran el único consuelo para Clara, tanto, que el joven Brahms llegó a convertirse en un miembro más de la numerosa familia Schumann. Mucho se ha especulado sobre la íntima relación entre Clara y Johannes Brahms. Nadie puede negar que hubo amor entre ellos, pero tampoco ha sido posible determinar con exactitud hasta dónde llegó. Pero en su biografía encontramos algunos pasajes que nos dan pistas definitivas. En agosto de 1858, dos años después de la desaparición de Robert, los «amigos» compartieron una embarcación donde recorrieron el Rhin durante 20 largas noches. Hombre, no era un Symca 1000, pero para el caso es igual. Otra circunstancia que nos hace pensar que durante ese viaje hubo intercambio de fluidos corporales y material biológico (¡con qué delicadeza lo he dicho!) es que unos meses después, cuando Brahms estaba tirándole los tejos a una cantante, Clara Schumann sufrió lo que podíamos definir como un ataque de cuernos y le dijo al rubio hamburgués: «Te voy a decir una cosita, Juanito, pa ti pa mí… a partir de ahora tú y yo quedamos como amigos». No hace falta mucha inteligencia para deducir que si después de aquello quedaban como amigos, es que en algún momento hubo algo más entre ellos… Tampoco se conoce mucho más porque los hijos de Clara Schumann, para preservar la memoria de sus padres y del propio Brahms, parece que eliminaron la correpondencia más delatadora de los dos amantes. ¡Ah!, por cierto, Brahms, ante la petición de matrimonio por parte de la cantante antes citada puso pies en polvorosa. Se mantuvo soltero, aunque no entero, hasta el fin de sus días.

A partir de ahí, el afecto que se profesaban Clara y Johannes (más que afecto, un amor nunca disimulado en el caso de Brahms) hizo que mantuviesen contacto permanente durante toda su vida. Miles de cartas, y cuando digo miles no estoy exagerando, se enviaron Clara y Brahms durante cuarenta años. Durante todo este tiempo, Brahms compuso obras para piano y de cámara pensando siempre en Clara, y no solía enviar una obra a la imprenta sin el visto bueno de su querida amiga, cuyo gusto musical consideraba infalible.

Contaba Clara Schumann con más de 70 años cuando su salud empezó a empeorar, y Brahms en previsión del desenlace, confesó en una carta a Clara: «Estoy habituado a la soledad y necesitaré estarlo ante la perspectiva del enorme vacío que debo afrontar. Pero déjame repetirte hoy que tú y tu marido habéis sido la experiencia más hermosa de mi vida, y representáis cuanto hay en ella de más rico y noble” . En esa época, le dedicó a Clara su Op.117 y su Op.118 (que escucharemos después), además de sus «Cuatro canciones serias» Op.121… unas canciones de despedida a Clara, el amor de su vida.  

De las «Seis piezas para piano, Op.118» os propongo que escuchéis la nº 2. Como todas ellas, fue dedicada a Clara Schumann en el final de sus días, y es una de las piezas para piano más fantásticas y conmovedoras que he escuchado jamás. Es una auténtica delicia. Al escuchar esta música y conocer las circunstancias en que se compuso, siempre me evoca imágenes de unas noches de agosto en que los amantes compartieron su amor en las aguas del Rhin. Quiero creer que Clara y Johannes cuando se acercaba el final, evocaron lo mismo que yo (como Salvatore reencontrándose con su pasado en la mítica escena final de «Cinema Paradiso»). Podría pasarme un día y otro escuchando esta composición con la función «repeat». La versión es simplemente la mejor de cuantas he escuchado, y he escuchado muchísimas.  Imprescindible. No sólo imprescindible… también inolvidable. 

Intermezzo Op.118 nº2 en La mayor

Nota: Vosotros, que habéis llegado hasta el final del ladrillo, merecíais que me despidiese con esta maravilla. Como veis, el esfuerzo tiene su recompensa. Si no conocíais esta pieza para piano, imagino que ahora me estaréis eternamente agradecidos… 😉 pero agradecédmelo divulgándola. Todo el mundo merece escucharla.

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