Los Schumann y Brahms: un trío de piano… (parte II)

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Enrique Goberna

11 de octubre de 2025

Los Schumann y Brahms: un trío de piano… (parte II)

Clara y Robert Schumann fueron todo lo felices que puede ser un matrimonio. Su vida la dedicaban a la composición y edición de las obras de Robert, a sus giras por Europa dando conciertos que interpretaba Clara al piano, y en los fríos inviernos alemanes a concebir hijos. Tuvieron finalmente 8 hijos, aunque uno murió en sus primeros años de vida. Unos años antes de la prematura muerte de Robert a los 46 años de edad, el matrimonio Schumann recibió una visita que iba a marcar sus destinos desde entonces…

Johannes Brahms, tiempo atrás, aprovechando la presencia del matrimonio Schumann para unos conciertos que la pareja dio en Hamburgo —su ciudad de origen— le hizo llegar algunas partituras a Robert, que sin embargo le fueron devueltas sin ser siquiera abiertas. Esto lo descorazonó un poco pero ahora estaba ante una segunda oportunidad; él, un joven de 20 años con un talento inmenso estaba dando conciertos al piano acompañando a un gran violinista de la época —amigo de Robert— y ese fue el contacto y la carta de presentación para presentarse en la casa de los Schumann.

Johannes Brahms

Robert invitó a ese joven a que se sentase al piano y le mostrase qué sabía hacer. Se cuenta que después del primer movimiento de la sonata para piano nº1 en do mayor Op.1, el matrimonio Schumann quedó boquiabierto y se dio cuenta que estaba ante un talento prodigioso, ante un genio; y Clara, que entonces contaba con 33 años, además de ello se percató también que estaba ante un joven guapo de pelo rubio, ojos claros y pelito hacia atrás,  que estaba para ponerle un piso… (¿Recordáis a Di Caprio en Titanic? Igualito.)

El matrimonio Schumann acogió en su propia casa a ese joven tan talentoso y lo trataron como si fuera de la familia, como a un hijo más, le dieron unas llaves al  bueno de Johannes y le advirtieron que si llegaba tarde no despertase a los niños. El propio Robert le dedicó un célebre artículo en la revista musical que él mismo editaba. Una crítica que lanzó directamente al estrellato a ese rubio desconocido…

«…presentía yo que cualquier día, de pronto, podría aparecer un ser único que diese expresión a nuestra época del modo más alto e ideal, un hombre que alcanzase el magisterio no poco a poco, sino de golpe, como Minerva saliera totalmente armada de la cabeza de Júpiter. Y ahora aquí está él, una joven criatura junto a cuya cuna montaron guardia Gracias y Héroes. Su nombre es Johannes Brahms. Viene de Hamburgo, donde ha estado trabajando en silenciosa oscuridad…«

Pero en esos años empiezaba el declive de la salud de Robert. Los problemas de depresión que tenía desde su juventud se iban acrecentando con la edad. Probablemente se trataba de un síndrome maniaco-depresivo, en las que se alternaban periodos de una fuerte depresión que le imposibilitaba trabajar, con otros donde aprovechaba para componer hasta la extenuación. Pero sus crisis nerviosas se iban complicando cada vez más. Ahora empezaba a escuchar voces, unas voces horrorosas que cantaban incesantemente en voz de ortavillita «al ritornelloooooooooooo«. La cosa no pintaba bien… Meses más tarde intentó suicidarse tirándose al Rhin huyendo de la voces que ahora cantaban «mascherato di nostra locuraaaaaaa», pero unos pescadores evitaron su muerte. Fue internado en un sanatorio mental donde moriría dos años más tarde, en el verano de 1856.

En el tiempo de internamiento, Brahms fue un apoyo de todo tipo para Clara. Para los mal pensados: de todo tipo no incluía calentarle la cama en las frías noches de Düsseldorf. Brahms era un apoyo anímico, económico cuando fue necesario (el sanatorio mental era muy caro y los ingresos ahora eran menores sin Robert) e incluso ayudaba a cuidar a la patulea de niños que corrían por la casa y con los que Brahms se llevaba extraordinariamente bien. Pero a pesar de las insinuaciones a Clara, de la que Brahms estuvo enamorado durante toda su vida, el propio Brahms, por el respeto, el cariño y el agradecimiento que tenía al matrimonio, su relación no pasó a más. Clara, por otra parte, estaba tan enamorada de su marido que en ningún caso atendería ninguna insinuación de Johannes, del que siempre confesó que tenía el mayor de los aprecios… pero como amigo. ¿Pero siempre como amigo? En la tercera y última entrega, dejamos zanjado este tema…

¿Quieres escuchar la pieza que asombró a Robert Schumann y Clara el día que se presentó ante ellos? Sonata para piano en Do mayor nº1, Op.1

¡Oh, cielos, esta parte es aún mejor que la primera!. Estoy deseando leer la tercera y última… Clara Schumann y Brahms: amor en La mayor… (III parte y última)

¡Me ha encantado! LO COMPARTIRÉ

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