BWV 1004, o cómo llora un violín

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Enrique Goberna

31 de octubre de 2025

Ante algo así solo cabe callarse y dejarse llevar. Hasta el momento en que Bach compuso esta auténtica locura, nadie alcanzaba a sospechar que con un violín se pudiese hacer tal barbaridad; que un violín pudiese tener esta amplitud de registros, que fuera posible sacarle esa condición de instrumento armónico. ¿Qué iba yo a contar? Ah, sí, una breve historia de la célebre Chacona en re menor.

Corría el año 1720 cuando Bach acompañó durante un par de meses a su patrón, príncipe de Kötchen, al balneario de Carlsbad y así proporcionarle entretenimiento. Los músicos eran entonces no más que unos lacayos, seguramente con un mayor reconocimiento si el mecenas o el patrón era sensible al arte, pero lacayos al fin y al cabo.

A su regreso, la tragedia.

Bach llegaba a una casa donde, sorpresivamente, reinaba la oscuridad y el silencio. Ni rastro de su esposa y sus cuatro traviesos hijos de corta edad. Días antes, su primera mujer, Ana Bárbara, había fallecido súbitamente por una enfermedad desconocida y fue enterrada a toda prisa por temor a que su fallecimiento pudiera haber sido fruto de la peste. Ese contexto tan doloroso fue el que provocó que hubiese un antes y un después en la técnica y el repertorio violinístico.

Bach integró este movimiento en re menor (tonalidad, por cierto, elegida para otras grandes empresas, como el requiem de Mozart o la novena sinfonía de Beethoven) en la partita nº2 para violín solo, añadiéndola al final en forma de una Chacona inusualmente larga, que muestra a las claras la relevancia de esa inclusión. Solo ella ocupa alrededor de 15 minutos, que ya es más de lo que duran las 4 danzas primeras que componen dicha partita.

La simple escucha de los primeros segundos de la obra te descubre que estamos ante algo distinto. Toda la obra es una unidad coherente y conmovedora en la que cada fragmento melódico guarda un equilibrio y un sentido con el todo. Casi diría que más que coherencia musical tiene una coherencia teatral en cuanto a que resume toda la experiencia interior que podemos sentir ante la presencia de la muerte: primeros momentos de un dolor desgarrador, representado en las terribles tensiones armónicas y rítmicas con las que comienza la obra, esas sobrecogedoras puñaladas del arco a las cuerdas, pasando —a lo largo de estos maravillosos 15 minutos— por otros momentos de más serenidad, de aceptación del dolor, de nostalgia por los buenos recuerdos comunes… Una maravilla artística donde se alternan melodías alegres, luminosas, con otras dramáticas, rítmicamente rompedoras, agresivas. Todos los que hemos vivido esta experiencia sabemos que esa es la naturaleza del dolor. Y Bach la hizo MÚSICA.

Así son los músicos, y así entienden la resiliencia: el dolor lo convierten en belleza.

Y finalizo esta introducción con las palabras de otro músico genial:

«La chacona BWV 1004 es en mi opinión una de las más maravillosas y misteriosas obras de la historia de la música. Adaptando la técnica a un pequeño instrumento, un hombre describe un completo mundo con los pensamientos más profundos y los sentimientos más poderosos. Si yo pudiese imaginarme a mí mismo escribiendo, o incluso concibiendo tal obra, estoy seguro de que la excitación extrema y la tensión emocional me volverían loco«.
Johannes Brahms.

https://youtu.be/qtyTaE7LvVs?si=_6uIPlmdPviU6zPo&t=830

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